Las leyendas cuentan que al salir la luna llena, personas se transforman en lobos bestiales que le ahuyan a su amada en los cielos, ¿pero qué pasa cuando la luz mengua y llega a nuestro planeta una nueva luna? Los mitos nunca le vieron lo especial a aquella fase, tal vez simplemente no lo entendían o quizas no querían entender lo que ocurría en aquellas noches donde ni siquiera las estrellas podían disipar la oscuridad que cubría nuestras tierras...
Los árboles de hojas tan verdes y brillantes como la esmeralda se mueven con fuerza, no es simple viento quien los mecé. Murmuran entre ellos, sonidos tan bajos que solo la brisa y su canto son capacez de interpretarlo.
— Es él de nuevo... —
— ¿Quién? —
— ¿No conoces al diablillo? —
— ¿Harry? —
— ¡No! Es uno de los marginados —
— ¿El qué incinero una familia entera? —
— ¡Si! —
— Dicen que es hijo de la misma muerte... —
— Va a buscar almas de nuevo... —
— ¡Callense! Antes de que nos detecte —
Entonces, el silencio se hizo presente en el bosque entero. "El diablillo" como el bosque entero lo llamaba rodó los ojos, sin detener el paso. Escuchaba todo, sentía todo, pero nunca decía nada. ¿Por qué molestarse? Pensaba, nadie queria escuchar a una criatura despreciable que amenaza con acabar con la vida de todos.
Finalmente llego a su destino. Un pequeño lago de aguas azules como el záfiro, que aunque usualmente brillaba como piedras preciosas ante la luna, esa noche no hacía más que llenar el ambiente con su densa y oscura niebla. Los árboles crujieron en alerta, el miedo se sentía en la brisa que mecía todo y de entre la niebla, surgió una pequeña chispa de color morado.
Reboto sobre la piel del diablillo, estaba helada. No era una llama común. En cuanto el pequeño sonrío, la tensión del lugar pareció disminuir y de la pequeña chispa surgio un torrente de llamas heladas como la piel de los muertos que dió forma a un esqueleto alto y de fuerte presencia vestido con ropajes ceremoniales de apariencia ancestral.
La criatura miro a su alrededor confundido, como si buscara algo. Cuando el pequeño hablo con desgano— Acá abajo tío.. —El esqueleto dio un pequeño sobresalto y volteo, la diferencia de altura era clara como el agua. No podía hablar, ni mostrar ningún tipo de expresión facial, pero su sobrino lo conocía perfectamente, sabía que el ya viejo esqueleto, sonreía con vergüenza por su despiste.
Sin esperar mucho más, se movio elegantemente. Alzando su oz ornamentada, el diablillo miraba con envidia la enorme calavera de dragón que sostenía el filo, al igual que las joyas que marcaban su estatus y muchos de sus logros como La Muerte, mientras lo comparaba con el suyo, cuyo único adorno era la calavera de su ya difunta mascota. Pronto su disociación fue interrumpida por la fuerte presión en el pecho a la que aún no se acostumbraba. No importaba cuantas veces lo viera, aún no comprendía como lo hacia, él podía sentirlo todo, oirlo y verlo todo. Pero su tío... El iba más allá. No importaba que tan oscura fuera la noche, que tan negro fuera el cielo. Siempre sabría exactamente donde estaba la luna e invocando su poder, recibía su penumbra, cargando su oz con la energía que necesitaba para llevarse a aquellos cuyo tiempo se había terminado.
La Muerte hizo una seña con su mano, indicandole a su sobrino que se acercará y lo imitara. Lo cuál hizo, al principio fue bien, pero el desgano en el joven era notorio y pronto su despreocupado agarre hizo que perdiera el control de la oz, de nuevo.
La Muerte se movio rápidamente, atrapando la energía disparada antes de que causara algún daño, de nuevo. Finalmente, golpeo el suelo con el mango de la oz, disipando la niebla con gracia y un poco de molestia.
La Muerte miro a su sobrino, quien entendía su ira, lo que no entendía era el por que tan pronto como se molestaba trataba de calmarse, ¿por qué no lo golpeaba? ¿Por qué no lo pateaba una vez por cada palabra que se dibujaba en su mente? ¿Por qué no le repetía el error que era hasta dejarlo inconciente? ¿Por qué lo único que podía hacer era mirarlo con pena, preguntandose si todo estaba bien? No tenía ningún sentido... No para él.
El esqueleto alzó la mano, tratando de sacarlo de sus pensamientos, pero no hizo más que asustarlo. De pronto las voces en la brisa dejaban de ser simples murmuros, de pronto aquella figura dejaba de sentirse segura, de pronto todo volvía a sentirse sin forma...
Lanzó la oz, casi rebanandole el cuello a la propia Muerte, que a penas y logro desviar el golpe; y aprovechando la distracción, salió corriendo tan rápido como pudo. No quería sentirlo todo, no quería verlo todo, ya no quería escuchar nada. Por una vez en la vida, deseo volver a casa, donde no había nada de vida que pudiera entender, donde solo era él y su sufrimiento. Donde no habían rostros mirandolo con tristeza, mientras se preguntaban si estaba bien.
— ¿Ya esta huyendo de nuevo? —
— No se porque te sorprende... —
— Siempre lo hace, así es como llego aquí —
— Pobre criatura... —
— ¡¡Callense!! —Grito al aire, sin dejar de huir. Los pies le dolían como hace años, las cicatricez ardían como si recien se estuvieran formando, el brazo monstruoso respiraba, exigía tomar más de él, pero las vendas no lo permitían.
No sabe cuanto corrío esa noche, no sabe cuantas veces cayó a los árboles que se burlaban de él, ni cuantas criaturas se asustaron ante su presencia. Todos murmuraban los mismo— ¡¡Es él, es él!! ¡¡Corrán antes de que acabe con todos!! —.
Una vez sin fuerza, cayó de rodillas ante el acantilado. Ansioso, se arrancó los lentes de la cara y los lanzó al oceano, volteo abajo, mirando directamente a los ojos de su lejano reflejo— Funciona.. funciona... funciona, funciona, funciona, funciona, funciona, funciona, funciona, funciona, ¿¡POR QUÉ DEMONIOS NO FUNCIONA?! —Silencio. El bosque entero se calló ante su grito.
Las lagrimas brotaron, la marca de la muerte que llevaba en el ojo desde el día que nació le daba nauceas. Se suponía que la muerte debía ser un ser silencioso y recatado, alguien tranquilo que le diera paz a aquellas criaturas que ya no pueden continuar. Él no era nada de eso, él era todo lo contrario. Deseaba mirar esa estupida marca y provocarse la muerte, pero no es así como funcionaba.
Fue entonces cuando la oscuridad fue opacada, un brillo tenue de color verde se reflejo en sus lágrimas, lo que lo hizo voltear instintivamente. Un pequeño ciervo de esmeralda, originario de aquel bosque, las grietas en su cuerpo marcaban la herida que la humanidad había dejado ya hace varios siglos. La criatura lo miro con la misma tristeza que su tío, pero por alguna razón era diferente, muy diferente. Ya no era vergüenza ni humillación lo que recordaba, sino que la triste melancolía de la soledad que hasta hace unos pocos minutos añoraba.
Sus emociones eran un reboltijo sin sentido, un caos que ni la luz más pura sería capaz de controlar, pero a pesar de esa aura tan estresante, el pequeño ciervo decidio acomodarse junto al diablillo, que debilmente se recosto sobre su regazo.
En aquel momento, ambas criaturas se vieron a los ojos, y sin decir ni una sola palabra, supieron todo el uno del otro. Ambos habían sufrido mucho en su vida, ambos se la habían pasado huyendo sin parar, ambos tenían miedo de sus destinos, pero a pesar de todo. Ambos habían corrido hacía el lugar donde estos se cumplían.
— ¿Por qué..? —Murmuró sin saber si quería una respuesta o no. El bosque calló nuevamente, un silencio que para muchos sería aterrador, para él no era más que un momento de calma, un momento para respirar profundo, desconectarse y dejarse llevar.
El viento se arremolino a su alrededor, despeinandolo y refrescandolo; y en ese momento una pequeña marca se dejo ver detrás de su flequillo. Por primera vez en la vida, o por lo menos en mucho tiempo, se sobresalto ante algo. La luna, que creía imposible de ver para alguien además de su tío, estaba más grande que nunca frente a él.
No era luz lo que emanaba de ella, era pura y poderosa oscuridad, la cual oleaba con calma sobre la superficie, dirigiendo las bestiales olas del oceano y enviando aquella energía que nunca había podido manejar.
Instintivamente, se toco la frente, y con un grácil movimiento invoco su Oz, que salió de la misma como una parte de si mismo. No siguió las instrucciones que su tío le dió. No se paro con firmeza, no reto al cuerpo celeste que tenía frente a su cara, no exigió. Simplemente se mantuvo de rodillas en el acantilado, con una mano sobre el débil ciervo y la otra levantando tanto como podía el arma. No le ordeno nada al satelite que cubría todo en su manto oscuro, al contrario. La miro con dolor y cansancio, y balbuceo dulcemente— Por favor... —.
Su oz no se volvio negra como la obsidiana tal y como había visto durante tantos años. No.
Sus grietas se iluminaron en un hermoso brillo plateado que resono con el de la marca en su frente. La brisa ya no venía del bosque, venía de él. Zarandeaba su ropa y su cabello sin control, hasta que la luz alcanzo la punta del filo y entonces todo volvio a la normalidad. Excepto por el sonido.
El bosque se volvió a quedar en completo silencio, pues ahora lloraba la perdida de una de sus criaturas. El cuerpo del ciervo, antes de bella esmeralda, ahora se desmoronaba en ceniza que el viento llevaría a su lugar de descanso eterno, y sobre el vacío, flotaba el alma de la criatura, que miraba directo a los ojos al diablillo. No era odio, ni tristeza. Era felicidad, pues tras tantos intentos fallidos, al fin había logrado ayudar a un alma moribunda a dejar su cuerpo.
Las lágrimas volvieron a caer mientras se ponía de pie, acarició con dulzura la cabeza del espiritu y con la voz más tranquila y relajante que jamás habría imaginado escuchar de si mismo, dijo— No te preocupes pequeño, pronto estarás en casa.. —Hizo un tajo en el aire con la oz, deformando la realidad y abriendo un portal a la tierra natal de su otra mitad, Elysium. Donde el ciervo podría descansar.
Mientras tanto, en la lejanía. La Muerte observaba con alegría, por un momento realmente había creído que su pequeño especial no podía con la tarea, pero como siempre lo hacía. Le demostró que incluso sería mejor que él, pues que es más especial que extraer la oscuridad más pura sino que encontrar la luz más bella dentro de esta.
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